Esta historia que contaré se trata de dos personas que, cuando se conocieron, fue en un lugar donde se compartían los conocimientos.
Él miraba a ella, y ella a él, pero jamás se imaginaron que algún día podrían compartir tiempos para ir por un placer en común que ellos dos tenían: ir a tomar un pulque (que por cierto, ese día se hizo realidad en algún tiempo- espacio por casualidad).
Para conocerse, las conversaciones de gustos musicales, profesiones y puntos de vista desde una perspectiva social, fueron las herramientas indispensables para descubrir los gustos y pensamientos de estos dos seres, mientras tanto, poco a poco, la confianza se convertía en sonrisas, en salidas, en juegos, en confesiones de la vida cotidiana.
El día llegó. Ellos decidieron unir sus energías en medio del silencio de la madrugada, entre fríos y nervios, entre heridas abiertas y canciones que dieron una esencia más profunda y especial en aquel cuarto pequeño céntrico del mar.